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08 Sep, 2010 - 11:22   
Del Valle del Lozoya al Cimitarra  
 
 

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El 29 de septiembre del 2007 regresaba a Madrid en compañía de mi compañera Ana después de haber realizado un proyecto de salud en el Valle del Río Cimitarra, en el Magdalena Medio, Colombia. Al margen de cualquier institución pública o privada, contando exclusivamente con la participación de la gente, habíamos dotado un puesto de salud de material sanitario en la vereda Puerto Matilde, habíamos dotado ocho botiquines de otras tantas veredas aledañas, habíamos participado en la capacitación de 22 agentes de salud y habíamos grabado un documental contando la experiencia del proyecto. Volvíamos contentos.

Habíamos trabajado en colaboración con la Asociación Campesina del Valle Cimitarra (ACVC), el proyecto se había enmarcado dentro del programa de salud que la propia asociación había diseñado para suplir la desatención en materia de salud que los habitantes de esa zona sufren por parte del estado colombiano. “El estado sólo nos da bala”… nos habían dicho muchas veces. Lo pudimos comprobar. El mismo día que regresábamos un operativo militar procedía a la detención de Andrés, Evaristo y Oscar, tres miembros de la junta directiva de la ACVC; en una vereda. Al mismo tiempo, efectivos del DAS procedían al allanamiento de la oficina que esta asociación tiene en Barrancabermeja, y también el apartamento dónde se da acogida a los campesinos que se tienen que desplazar a la ciudad para realizar sus gestiones. El mismo apartamento dónde nosotros habíamos dormido antes de salir hacia España. En la misma ciudad detuvieron a Mario, otro de los miembros de la junta directiva. Habían sido acusados de rebelión, colaboración con la guerrilla. Otros 14 miembros tenían orden de búsqueda y captura. Las pruebas… el testimonio de cuatro supuestos reinsertados, pagados por el estado. Hay más pruebas para detener a Álvaro Uribe Vélez, presidente de la República, por colaboración con el paramilitarismo…pero por alguna razón éste no ha sido detenido.

Tres meses después acabamos de editar el documental realizado, y me moría de ganas de enseñárselo a los campesinos…también de ver los resultados del proyecto de salud, y de acompañar a ésta gente, de ver en primera persona la situación por la que están atravesando.

Volví a Colombia en la segunda quincena de enero. Habíamos diseñado, junto con la ACVC, un programa de evaluación. Aprovecharía el viaje para ir a visitar a la cárcel a los compañeros detenidos.

El 18 de enero llegué a La Cooperativa, nombre con que se conoce a la vereda Puerto Nuevo Ité, por el almacén que los propios campesinos habían hecho para no tener que bajar a Barrancabermeja a comprar … 7 horas río abajo en canoa a remo, y luego subida cargados. El almacén funciona desde principios de los años 80, a pesar de las sucesivas incursiones militares y paramilitares que han sufrido… Los campesinos conseguían desmontar el almacén y el pueblo entero en 15 minutos para salir huyendo a la selva y esperar a que los grupos armados desalojasen sus casas. Más de 20 años resistiendo.

A mi llegada en lancha a motor, divisamos al ejército en la orilla. A la compañera de la ACVC que me acompañó en esta travesía, se le ocurrió hacerles una foto. El flash se disparó y dos oficiales nos requirieron. Se presentó el teniente Chavarría del batallón Calibío de la XIV brigada. Yo me presenté como Juan Ramón Pérez, médico español. En estas tierras un pasaporte extranjero te protege.

En la vereda nos informaron que en las tropas del batallón iba Jesús Piñeres, alias “Chucho”, antiguo miembro de la comunidad que había sido expulsado entre otras cosas, por maltratar a su mujer. Se hacía pasar por supuesto reinsertado de la guerrilla y amparado en el uniforme y con armas había amenazado de muerte a tres campesinos y había jurado vengarse de la comunidad. Los campesinos estaban nerviosos, y mi presencia les tranquilizaba…tengo pasaporte español.

Al día siguiente hablé con tres de los alumnos que habían participado en el curso. Se desenvolvían bien y resolvían pequeños problemas de salud, cosían heridas, realizaban curas y atendían casos de diarrea, “gripa”, fiebres… y aprovechaban para realizar educación para la salud en cada una de las consultas. Estaba entrevistando a uno de ellos para realizar el 2do. documental, cuando apareció el ejército en la vereda. Ese día había asamblea de la Junta de Acción Comunal (algo parecido a un concejo abierto) y ésta se desarrolló con el ejército armado rodeándonos. Yo grabé esa asamblea dónde los campesinos expusieron sus quejas por las amenazas sufridas por parte de “Chucho”, indicándole al teniente Chavarría que va contra el Derecho Internacional Humanitario que civiles porten armas y vayan uniformados. El teniente explicó que Chucho les colaboraba guiándoles por la zona y que no tenían que temer pues se iban a respetar sus derechos. Sus palabras quedaron recogidas en la filmación

(JPG)
Reunión con la junta de acción comunal de Puerto Nuevo Ité.

Antes de mi intervención ante la asamblea para explicar el proyecto de salud, el cabo 1ro. Zapata me pidió la documentación y anotó mis datos. Me preguntó por qué les estaba grabando y le expliqué que yo estaba grabando la asamblea con el permiso del presidente de la junta…eran ellos los que estaban allí sin permiso.

El día fue tenso. Te pone nervioso estar rodeado de gente armada. Al atardecer, los militares empezaron a pedir cédulas (carnéts de identidad) a los campesinos. Ramiro Ortega y Miguel Ángel González Huepa tenían orden de búsqueda y captura, pertenecían a la junta directiva de la ACVC y allí fueron detenidos acusados de rebelión. Miguel Ángel no entendía qué significaba esa palabra. Les leyeron sus derechos y tuvieron la cortesía de dejarlos custodiados en la vereda hasta que llegase el helicóptero con miembros de la fiscalía para ponerlos a disposición judicial.

Yo iba a partir el domingo por la mañana, y decidí quedarme hasta que llegara el helicóptero. Hay veces que el ejército presenta supuestos guerrilleros dados de baja al intentar escapar, y mi pasaporte español me asegura un lugar privilegiado para ser observador internacional. El helicóptero llegó por la tarde… no lo pude grabar, el ejército no me lo permitió, horas antes el teniente y el cabo me habían hecho borrar una entrevista que les había realizado a los detenidos. No se pueden tomar imágenes de presos y no querían que les siguiese grabando porque luego esas imágenes, según ellos, se utilizan para difamarles. Les recordé que tenían mis datos y hay leyes que cubren ese delito. Pero cuando alguien con armas te expone sus razones, siempre tienen razón. Por desgracia soy un poco torpe con la tecnología y no logré borrar las imágenes.

 

Después de la llegada del helicóptero, partimos hacia Puerto Matilde, siguiente etapa de nuestro viaje. Allá había teléfono y pude contactar con España explicándoles la situación. Los dos días que estuve allí sirvieron para entrevistar a la mayoría de los alumnos y para elaborar un plan de acción para el futuro. Les había ido bien. Se sentían capacitados para resolver problemas de salud frecuentes, algunos habían realizado talleres comunitarios de educación para la salud. Uno de ellos, a su vez había capacitado a cinco miembros de la comunidad para ayudarle, entre estos miembros había una niña de doce años que había aprendido a suturar. Llegó incluso a prescribir el tratamiento adecuado a una chica que llevaba más de un mes enferma y que se había gastado demasiado dinero en médicos con carrera que no le habían sabido tratar una infección vaginal. Javier le ahorró unos 600.000 pesos (200 euros) que la pedían para seguir realizándole pruebas. Días más tarde pude comprobar cómo había concientizado a su comunidad de la importancia del tratamiento de las basuras para disminuir la morbilidad (número de casos de enfermedad) de su comunidad.

 

(JPG)
Aspecto de la evaluación con los agentes de salud capacitados en la vereda Puerto Matilde.

Yo iba a partir el domingo por la mañana, y decidí quedarme hasta que llegara el helicóptero. Hay veces que el ejército presenta supuestos guerrilleros dados de baja al intentar escapar, y mi pasaporte español me asegura un lugar privilegiado para ser observador internacional. El helicóptero llegó por la tarde… no lo pude grabar, el ejército no me lo permitió, horas antes el teniente y el cabo me habían hecho borrar una entrevista que les había realizado a los detenidos. No se pueden tomar imágenes de presos y no querían que les siguiese grabando porque luego esas imágenes, según ellos, se utilizan para difamarles. Les recordé que tenían mis datos y hay leyes que cubren ese delito. Pero cuando alguien con armas te expone sus razones, siempre tienen razón. Por desgracia soy un poco torpe con la tecnología y no logré borrar las imágenes.

 

Después de la llegada del helicóptero, partimos hacia Puerto Matilde, siguiente etapa de nuestro viaje. Allá había teléfono y pude contactar con España explicándoles la situación. Los dos días que estuve allí sirvieron para entrevistar a la mayoría de los alumnos y para elaborar un plan de acción para el futuro. Les había ido bien. Se sentían capacitados para resolver problemas de salud frecuentes, algunos habían realizado talleres comunitarios de educación para la salud. Uno de ellos, a su vez había capacitado a cinco miembros de la comunidad para ayudarle, entre estos miembros había una niña de doce años que había aprendido a suturar. Llegó incluso a prescribir el tratamiento adecuado a una chica que llevaba más de un mes enferma y que se había gastado demasiado dinero en médicos con carrera que no le habían sabido tratar una infección vaginal. Javier le ahorró unos 600.000 pesos (200 euros) que la pedían para seguir realizándole pruebas. Días más tarde pude comprobar cómo había concientizado a su comunidad de la importancia del tratamiento de las basuras para disminuir la morbilidad (número de casos de enfermedad) de su comunidad.
En términos generales los alumnos del curso habían hecho disminuir el número de casos de diarrea, de fiebres, de paludismo en tres meses. Fui testigo de cómo la promotora de salud estatal de la región les felicitó por el trabajo realizado, cómo animaba a la comunidad a que confiasen en los agentes de salud. La prueba, de 65 muestras de sangre extraídas, sólo 9 habían dado positivo para paludismo, en temporada de máxima incidencia.

Acortamos nuestra estancia en Puerto Matilde. Desde la oficina de la ACVC nos llamaron para decirnos que las cintas que había grabado se podían utilizar como prueba de que el ejército uniformaba y armaba a civiles y cómo incumplían las normas del Derecho Internacional Humanitario. Querían ver las cintas para iniciar los trámites de la denuncia.
Después de pasar por Barrancabermeja para copiar las cintas, fuimos a Bucaramanga a visitar a los compañeros detenidos, en un principio iban a ser cuatro. Ya eran seis. En la Cárcel Modelo de Bucaramanga tuve una de las experiencias más surrealistas de mi vida profesional, pasé consulta en el patio de la prisión…incluso hice una consulta telefónica con la mujer de Evaristo, uno de los detenidos. Él mismo me consultó, presentaba un fuerte dolor en el pecho cada vez que hacía ejercicio, síntoma típico de una angina de pecho, el médico de la prisión le había recomendado hacer más ejercicio. Yo le dije lo contrario, que reposase y le prescribí una medicación que espero haya podido conseguir.

Detenidos

El 28 de enero, un día antes de mi partida estábamos en Bogotá. Teníamos que acabar de copiar las cintas y hablar con Humanidad Vigente, la asociación de abogados que lleva el caso de la ACVC. Ese día por la tarde, la compañera de la ACVC recibió una extraña llamada. Un desconocido le preguntó si no se acordaba de él. Era amigo de un tal Julián. Ella le respondió que no conocía a ningún Julián. El desconocido insistió preguntándole en qué ciudad vivía y cuando mi compañera le preguntó quién era, colgó el teléfono.

Por la noche, ya en su casa, nos enteramos que miembros del batallón Calibío habían matado a Miguel Ángel, hijo de Miguel Huepa, uno de los detenidos. Le acusaban de ser alias “Julián”, guerrillero de las FARC encargado de cobrar extorsiones. Le pillaron cuando iba a una vereda a recargar unos móviles. En el batallón iba “Chucho”, el supuesto reinsertado que así cumplía su amenaza, no se iba a ir de la región sin matar un campesino. Miguel fue uno de los testigos que firmó en la detención de su padre, no sin antes denunciar ante el ejército los sucesivos atropellos a los que se ven sometidos los campesinos. Miguel deja mujer y dos hijos de cuatro meses y cuatro años, respectivamente.

La otra testigo que firmó la detención fue la compañera de la ACVC. La dijeron que desconectara el teléfono móvil y al día siguiente fuésemos al despacho de los abogados.

Allí me dijeron que las cintas se podían utilizar para efectuar la denuncia, y me recomendaron que no las llevase conmigo. Tenía imágenes del ejército en la asamblea, tenía imágenes de Chucho uniformado y con armas, tenía imágenes de Miguel Ángel, el campesino asesinado a quien acusaban de formar parte de las FARC…No creían que fuese a pasarme nada, pero en estos días en Colombia, se vivía una campaña mediática promovida por el gobierno contra las FARC…pero no contra los paramilitares o contra el terrorismo de estado. Pensaban que al haberme tomado los datos podrían registrarme, ver las cintas y vincularme con la guerrilla. Era ciudadano español pero… Quizá esto parezca un poco paranoico, y quizá lo sea, pero en aquel momento decidí hacer caso y mandar las cintas por correo a España, en cualquier caso ya estaban grabadas.

Tomé mis precauciones antes de partir. Ya la embajada española había sido alertada de mi situación por mis compañeros en España. Se movieron deprisa e incluso llegaron a localizarme por teléfono cuando estaba en Barrancabermeja, llamaron a la oficina de la asociación. Se interesaron por mi situación, querían saber si estaba bien. Y esto les bastó. No les interesó mucho saber que un supuesto reinsertado estaba amenazando de muerte a campesinos. A pesar que una embajada de un estado de derecho está obligada a velar por el respeto de los Derechos Humanos no parece que realizasen ninguna gestión ni ninguna averiguación sobre la situación de hostigamiento que estaba viviendo un grupo de campesinos perdidos en mitad de la selva colombiana. Supongo que sería molesto ver en las noticias que un médico español ha tenido problemas en Colombia justo cuando el presidente de España decía que el gobierno español ha estado, está y estará siempre con el presidente de Colombia. Antes de salir avisé a la embajada que volvía a España y que temía que pudiese ocurrirme algo en el aeropuerto por todo lo ocurrido. Me tranquilizaron y me desearon buen viaje. Se portaron bien conmigo.

Y regresé a España, no sin antes ser sometido a un riguroso registro, radiografía abdominal incluida, por parte de la policía antinarcóticos en el aeropuerto de Bogotá. No tenía nada que ocultar pero me acordé de todas estas películas en que los protagonistas acaban en la cárcel en un país extranjero porque les han metido drogas en su equipaje.

Y acá estoy, escribiendo esta historia real y esperando a poder editar un segundo documental donde campesinos colombianos cuentan cómo son hostigados por parte del ejército y paramilitares para que abandonen el territorio que el gobierno de su país ha acordado entregar a la multinacional minera canadiense Anglogold, libre de campesinos, para poder explotar a gusto el oro que hay en su subsuelo, sin tener ningún tipo de miramiento por el medio ambiente. Dónde cuentan cómo ya han sido desplazados en multitud de ocasiones de sus tierras para que multinacionales del “mundo desarrollado” sigan quitándoles sus materias primas sin nada a cambio. Donde cuentan cómo el gobierno colombiano les impide llevar a cabo proyectos de desarrollo autogestionado que consiguen sustituir los cultivos de coca. Donde cuentan cómo su gobierno sigue empeñado en erradicar los cultivos de coca con fumigaciones de glifosato, aún cuando está demostrado, incluso el propio gobierno colombiano así lo ha admitido, que no solamente no erradican, sino que destruyen los cultivos de pancoger (maíz, yuca, plátano y arroz) obligando a los campesinos a cultivar coca cómo único medio de dar de comer a sus hijos, viéndose obligados a trabajar para narcotraficantes…que habitualmente son paramilitares.
Acá estoy, escribiendo lo vivido y pensando en cómo volver allá para repetir el taller de capacitación en salud. En la evaluación que hicimos, los campesinos me decían que ojalá, “la gente linda y hermosa de España pudiera venir cada seis meses para enseñarnos muchas más cosas”… ojalá pudiésemos ir allá más a menudo para que nos sigan enseñando.

Allá acordamos seguir con la experiencia, seguir con el proyecto y hacerlo un poco más ambicioso. Primero iríamos a Colombia a repetir el taller. El viaje de España a Colombia y el material sanitario correrá de nuestra cuenta. El transporte en Colombia, el alojamiento y la comida correrán de su parte…ya se están organizando dando charlas, reuniones, realizando bazares y fiestas para recaudar dinero. Ya están hablando con los municipios y diferentes organizaciones no gubernamentales para que apoyen el proyecto. Al final del taller, dos campesinos se vendrán con nosotros a Ecuador, a repetir la experiencia en otras comunidades campesinas.

El día 5 de abril en “El patio de las maravillas”, en Madrid realizaremos unas jornadas dónde se proyectará el documental “Quien nada debe, nada teme” dónde se recoge la experiencia del proyecto. Así mismo realizaremos talleres de salud dónde mostraremos cómo se realizó la capacitación. Antes, el 8 de marzo, en Barcelona, participaremos en la campaña internacional de solidaridad con la ACVC… y seguiremos haciendo más cosas.

Si te interesa colaborar con el proyecto, te puedes poner en contacto con nosotros en el siguiente correo: cimitarramadrid@gmail.com

     

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